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La
naturaleza de la pintura
Pilar Giró, historiadora y crítica de arte.
Pablo Rey es en esencia pintura. En ella se basa, se argumenta y se desarrolla
su trabajo y su pensamiento. De la pintura parte todo el lenguaje artístico
y estético con el que crea las realidades representadas en la obra.
En el presente libro se tratan los diferentes períodos en que puede
ordenarse su trayectoria artística. Esta visión de conjunto,
sumamente interesante, constata que en realidad su mayor preocupación
es sincerarse con la pintura y por ello indaga en la representación
buscando la forma más pura de manifestarla, consciente de lo que
significa pintar en el siglo XXI.
La memoria histórica quedó liberada de su peso después
del viaje que hizo a Nueva York, pero no de su presencia. Ese paso significó
un avance hacia la libertad que buscaba en el acto de la creación.
Cabe no olvidar la enorme importancia que tiene su formación clásica
al lado de otro gran pintor, su padre. Gabino Rey no solo le abrió
a un mundo de color oculto detrás de las formas y le enseñó
a amar la luz, sino que le profesó la pintura.
Si la Universidad de Barcelona fue para Pablo Rey una puerta para penetrar
en la vida, Nueva York le desnudó ante si mismo para luego dejarle
sentir el mundo. Al cabo de cuatro años regresa a Barcelona con
suficientes argumentos para seguir construyendo su propio universo.
El eje vertebral de su intención artística es presentar
la pintura sin artificio. De ahí parte la búsqueda constante
y nace la creación. La superación de la duda le conduce
a indagar dentro de un mismo lenguaje distintas formas de expresión.
El cambio forma parte de su concepción de la pintura, del mismo
modo que para la realidad el cambio es sustantivo.
En sus espacios pictóricos se trama un hilo conductor que transporta
a los sentidos sobre múltiples miradas que giran en torno a un
mismo orbe. Micro y macrocosmos se aúnan en la metamorfosis de
un espacio sin perspectiva capaz de representar la profundidad, no sólo
a modo simbólico, sino también físico.
La obra de Pablo Rey desbordante de fuerza, se presenta con la misma tenacidad
que la del propio artista enfrentando el reto de la pintura. La actitud
es fundamental para el artista. No basta con tener oficio, es fundamental
cómo se emprende el hecho de pintar. La grandeza del arte contemporáneo
es poder partir de una realidad interior y ser capaces de crear sin necesidad
de imitar nada de lo que nos es dado a la vista. La habilidad por imitar
es sólo eso, una habilidad, por eso lo que a él le interesa
es crear.
La pintura de Pablo Rey cada vez perfila más la humanidad de las
emociones. Dentro de los límites de la subjetividad ineludible,
trata de interiorizar la polifonía del ser para que su pintura
sea de todos. El matiz de los significados se perfila en cada lectura
particular. Este diálogo se desprende de una pintura que el propio
artista califica de objetiva, en el sentido que existe realmente, fuera
del sujeto que la conoce.
En la pintura, Pablo Rey busca un espacio donde trascender lo puramente
terrenal, buscando una conexión con lo espiritual. La idea de este
acercamiento del arte a lo divino permite afirmar que el arte está
en todas las cosas y facetas de la vida. El artista es quien, además
de percatarse de ello, es capaz de representarlo.
Siguiendo en la idea de la pintura como medio para representar la realidad,
Pablo Rey quiere considerar todos los aspectos intrínsecos a la
manifestación de esta. En este sentido el concepto de tiempo no
es ajeno a su pintura. Su pintura es rápida, como la forma en que
se mueve y evoluciona la sociedad contemporánea. No es por casualidad
que la pintura es un reflejo de una manera de ver y entender el mundo.
Como el mismo artista comenta “desde la experiencia visual de esta
realidad vital, en el acto de pintar, me enfrento a la obra desde aquello
automáticamente espontáneo. No existe guión de trabajo,
el proceso de pintar es directo y rápido. Es como si se produjera
en el momento en el que pinto una canalización de la realidad visual
de lo vivido hacia la tela, la finalidad es transformar esta realidad
en pintura”. La obra de Pablo Rey tiende un fascinante puente para
participar de la naturaleza de la pintura.
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