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ESTADOS SUPERPUESTOS, 2004
Pilar Giró, historiadora y crítica
de arte
La conciencia del lenguaje
que el siglo pasado puso en primer plano, frente a los programas neokantianos
y la crítica de Nietzsche, conlleva un giro lingüístico.
La dirección unívoca queda cuestionada frente a la pluralidad
de lenguajes a los que se debía prestar atención, incluyendo
lo que habitualmente había quedado al margen y situando en primer
plano todo aquello que tal vez llegó a obviarse por la cualidad
oculta de su carácter implícito.
Es posible establecer un paralelismo de método en la elaboración
del discurso independientemente del leguaje que se utilice. De este modo
la pintura puede ser interpretada desde la hermenéutica como espacio
intertextual en donde plantear cuestiones más allá de la
belleza. Indagar en la episteme de la pintura suscita a Pablo Rey a desarrollar
nuevos discursos dentro de su narrativa pictórica.
Estados Superpuestos es una serie que responde a esta necesidad de reflexión
en torno a la pintura, al acto de pintar y la voluntad de representar
el espíritu de una conciencia colectiva. Para Pablo Rey la pintura
entendida como medio busca la forma de manifestar el arte, por ende el
arte no es el cuadro. El grafismo de la pintura, qué dice y como
se dice, establece el código de una interpretación sensible
del mundo. La representación de esta invisibilidad de percepciones
tangibles para el espíritu capaz de desgarrar el velo que encierra
el misterio de la vida, suele encontrar afinidades contemporáneas.
Puede establecerse a nivel formal un paralelismo entre Estados Superpuestos
y la obra de Jonathan Lasker. El carácter gestual y de naturaleza
eminentemente subconsciente de la pintura de Lasker se traduce en una
depuración formal, de composiciones clarificadas resolviendo el
espacio y el trazo en el equilibrio clásico de geometrías
discursivas. Pablo Rey concibe esta serie como un espacio de reflexión,
de diálogo íntimo con la pintura, pero a su vez buscando
pautas compartidas, que permitan una lectura de múltiples miradas.
Después de un período de límites desbordantes, donde
la pincelada resigue desde la memoria espacios que no son alcanzados por
la tela, parece mostrar la necesidad de volver a acotar los espacios del
discurso. En este sentido la serie Estados Superpuestos puede causar una
primera impresión de una obra completamente diferente. En cambio
deja descubrir que uno de los caminos propuestos por esta obra de silencios
contenidos es la voluntad de ordenación.
Son varios los parámetros que Pablo Rey somete a cuestión.
Las geometrías, por lo general cerradas, que plasma en los cuadros
atan y ordenan las líneas que tejían dispersas la urdimbre
pictórica de anteriores piezas. El resultado es
una serie interesante por la cantidad de información que es capaz
de dar sobre el artista, tanto de su sensibilidad como de su método.
De un lado reafirma la racionalidad de un proceso sinónimo de presente,
es decir la inmediatez pensada en el registro de emisión premeditada
de un acto que acaba por resolverse con espontaneidad emotiva. La objetividad
de la geometría que utiliza no deja de lado el carácter
orgánico de la huella subjetiva. En esta serie se manifiesta en
primer plano, respondiendo nuevamente a interrogantes similares a los
que dieron lugar a Landscapes of New York , cuál ha de ser el objetivo
del artista con la pintura. No sólo que narrar sino como representar
esa narración para no caer en la simple plasticidad estética.
En estas obras se sintetizan las formas, el trazo limpio de anécdota
parece buscar la verdad del arte sin artificios. Reaparece la materia
integrada en la pintura, como una contradicción en sí misma
o tal vez una constatación de la doble naturaleza que gobierna
el principio de las cosas.
En esta serie cobran relieve muchos de los aspectos trabajados por Pablo
Rey en sus dibujos. El dibujo es una constante y una base importante en
la que se apuntan aspectos que posteriormente serán desarrollados
en la obra. De todos modos cabe considerar que no se trata de bocetos,
sino que los dibujos también están concebidos como obra
en sí e indispensables para lograr desgranar los contenidos de
su obra.
Estados Superpuestos invita a resolver estructuras de pensamiento. Espacios
en donde la pintura se ordena y construye. El trazo de la pincelada cobra
un sentido constructivo, casi como si Pablo Rey estuviese diseccionando
la pintura para quedarse con el esqueleto de su morfología. Un
esqueleto que en su interior aún es capaz de albergar toda la magia
del arte.
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