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PABLO REY
CAMPO POLICRÓNICO 2000
DESDE LA LIBERTAD A UNA NUEVA REALIDAD
Desde hace tiempo me ha interesado especialmente como enfrentarme al hecho
de pintar y a la pintura desde una actitud interior lo más libre
posible. Teniendo en cuenta, entre otros, varios aspectos; que vivimos
en una sociedad proclive a la reglamentación y a la estructuración
en la forma de vivir y pensar, que la libertad absoluta no existe, (en
todo caso nos queda la posibilidad de desarrollarla), y que la intención
de libertad no sirviera para amparar un lenguaje inexplicable por su desconexión
con la realidad.
Así, mi trabajo parte de la realidad, inspirándose en la
realidad visual que supone la experiencia vital de la ciudad, con una
especial fijación e interés en el muro y sus graffitis,
por la libertad y espontaneidad de estas expresiones y por su conexión
con lo "popular"; interesándome más por su idea,
concepto visual y actitud que manifiestan, que por la expresión
formal de lo que representan.
Antes de continuar voy a referirme a mi trabajo anterior, pues guarda
una relación importante para entender mi nuevo trabajo. (1)
En el trabajo de los últimos años, esta búsqueda
de la libertad vino a través de la destrucción; el trabajo
se desarrollaba a partir de destruir lo creado, utilizando una máquina
de lijar que manipulaba la superficie pictórica y recreaba una
nueva totalmente diferente. Era una actitud de corrección, de rectificación
de lo inmediatamente realizado; una negación que llevara a una
afirmación con la intención de crear una realidad nueva,
que encontraba su espacio de afirmación en un resultado matérico
o más bien antimatérico, pues el resultado era una textura
de vacío. Es decir, al extraer la pintura se negaba la materia,
pero quedaba afirmada en lo inverso a través de su propia negación.
Este proceso culminó con la serie "Correction".
El proceso de enfrentarme a la pintura a través de la máquina,
era fundamental porque me permitía tomar distancia con la pintura,
pintar sin control por mi parte; por tanto, como si pintara desde afuera,
sin el condicionamiento de lo presumiblemente pictórico. Esa imposibilidad
de control llevaba a la vez a que la obra se revelara desde su propia
condición y naturaleza, haciendo presente de forma inevitable el
azar como un aspecto fundamental de la obra; es decir, sin un control
preestablecido podía darse un estado de libertad.
El pintar con la máquina fue importante mientras el resultado de
su utilización no cuestionase a la pintura y esta mantuviese su
propia libertad; pero al final se convirtió en un impedimento,
pues la manera de trabajar se convirtió en excesivamente necesaria,
lo que, al final, llegó a coartar a la propia pintura por la dependencia
de ésta al proceso. Es en ese momento cuando me planteo finalizar
la serie “Correction”.
A partir de entonces, rechazada la máquina, entiendo que la única
forma de enfrentarme a la pintura desde la libertad, sin un control sobre
la obra y permitiendo que se produzca el deseado estado de azar-libertad,
es lo automáticamente espontáneo.
El punto de partida de
esta obra en la que estoy trabajando es la realidad, (considero que mi
trabajo es más "realista" que expresionista, pues no
nace de una idea o impulso interior, sino de una experiencia exterior),
y en concreto, la ciudad que se manifiesta en sus muros de graffitis,
que reflejan el pulso vital de la sociedad en la urbe. Siempre he pretendido
con la pintura poder expresarme y comunicarme; es por eso que he elegido
como excusa para plantear mi trabajo pictórico los graffitis, por
ser una expresión común y popular que se manifiesta de forma
real en la cotidianidad de la ciudad.
Desde la experiencia visual de esta realidad vital, en el acto de pintar,
me enfrento a la obra desde lo automáticamente espontáneo;
así, no existe un guión de trabajo de la obra, el proceso
de pintar es directo y rápido. Es como si se produjese en el momento
en el que pinto una canalización de la realidad visual de lo vivido
hacia la tela; el fin es transformar esa realidad en pintura.
El enfrentarme así al hecho de pintar me permite trabajar desde
un estado de libertad que me posiciona para guardar la distancia necesaria
con la pintura o con lo pictórico con el fin de que, en el instante
en el que pinto, la pintura se haga presente sin condicionamientos pictoricistas,
estratégicos, formales o racionales; es decir, como pintar a distancia
del cuadro con la objetividad necesaria para evitar que la idea subjetiva
de la pintura me implique, condicionándome. El fin es la pintura,
pero marcando la distancia necesaria al "yo" pintor.
He titulado esta serie, "Campo Policrónico". Campo, además
de tener el sentido de espacio, en este caso tiene también que
ver con un espacio determinado donde se hace presente todo un mundo visual,
teniendo relación, entre otras cosas, con lo óptico y lo
virtual. Policrónico es una palabra que tiene que ver con lo múltiple
y variable y, a la vez, con el tiempo (crono) y con lo gráfico
y la escritura (crónica).
Entiendo mis pinturas como campos; espacios en los que se revelan visualmente
múltiples energías, elementos, conceptos, acciones, tensiones,
dicciones y signos, de forma simultánea, expresando cada uno su
idea pictórica, pero, a la vez, formando con los demás un
todo armonioso.
(1) En esta parte cito
un texto anterior, necesario para explicar la obra actual.
Pablo Rey, Barcelona, otoño de 2000
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